FAUSTO


(Nocturno)
Ha descendido ya la noche; júntase santamente la estrella
a la estrella; grandes luceros, diminutas chispas brillan cerca y
centellean a lo lejos; lucen aquí reflejándose en el lago,
resplandecen allá arriba en la noche serena, y sellando la
dicha del más profundo reposo, domina el pleno esplendor
de la luna.
(Alborada)
Extinguiéronse ya las horas; huyeron el dolor y la
felicidad; Sábelo con tiempo: vas a quedar curado de tus
males, confía en la mirada del nuevo día. Verdean los valles,
las colinas despliegan su exuberante vegetación para convidar
con su sombra al descanso, y en fluctuantes olas argentinas,
las sementeras ondulan hacia la cosecha.
(Canto del despertar)
Para saciar deseo tras deseo, contempla aquel lejano
resplandor. Débiles son los lazos que te sujetan; el sueño es
una cáscara; arrójala lejos de ti. No tardes en cobrar osadía
mientras la multitud yerra indecisa. Todo puede llevarlo a
cabo el alma noble que sabe y pone resueltamente manos a la
obra.
(Un rumor inmenso anuncia la proximidad del sol)

ARIEL
Escuchad, escuchad el tumulto de las Horas. Sonoro al
oído del espíritu, ha nacido ya el nuevo día. Las puertas de
roca rechinan con estrépito, las ruedas del carro de Febo dan
vueltas chirriando. ¡Qué fragor trae la luz! Oyese el sonar de

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