JOHAN WOLFGANG GOETHE


MARGARITA
(Ocultándose en su yacija). ¡Ay! ¡ay de mí! Ya vienen.
¡Amarga muerte!

FAUSTO
(En voz baja). ¡Silencio! ¡Silencio! Vengo a ponerte en
libertad.

MARGARITA
(Arrastrándose hacia él). Si eres hombre, no seas insensible a
mi desolación.

FAUSTO
Vas a despertar los vigilantes con tus gritos. (Coge las ca-
denas para quitárselas).

MARGARITA
(De rodillas). ¿Quién te dió, verdugo, tal poder sobre mí?
¿Vienes ya a buscarme a la medianoche? ¡Ten piedad!
¡Déjame vivir! ¿No es bastante mañana temprano?
(Levantándose). ¡Soy joven, tan joven aún! ¡Y he de morir ya!
También era hermosa, y esto fué mi perdición. Cerca estaba
el amigo; ahora está lejos. Destrozada está la corona,
esparcidas yacen las flores... No me cojas con tal violencia.
Trátame con más miramiento. ¿Qué te hice yo? No dejes que
suplique en vano, bien que no te he visto jamás en mi vida.

FAUSTO

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