JOHAN WOLFGANG GOETHE


MEFISTÓFELES
No es ella la primera.

FAUSTO
¡Perro! ¡Monstruo abominable! Transfórmale, tú, Espíritu
infinito, transforma de nuevo ese reptil en su figura de perro,
bajo la cual, por la noche, complacíase a menudo en trotar
delante de mí, en revolcarse delante de los pies del pacífico
viajero y agarrarse a los hombros de aquel que violentamente
cae en tierra. Transmútale otra vez en su forma predilecta,
para que ante mí se arrastre sobre su vientre en el polvo, y
huelle yo con mis pies a ese réprobo... ¡No es la primera!
Horror, horror incomprensible para toda alma humana, que
más de una criatura se haya hundido en el fondo de tal
miseria, y que la primera de ellas, a los ojos de Aquel que
eternamente perdona, no haya bastado a expiar la falta de
todas las demás con la mortal angustia en que se retorcía. El
dolor de esta sola me penetra hasta el corazón y trastorna mi
vida y tú, con el mayor desenfado, te ríes sarcásticamente de
la suerte de millares como ella!

MEFISTÓFELES
Otra vez nos hallamos en el límite de nuestra razón, en
aquel punto donde vosotros los mortales perdéis el seso.
¿Por qué trabas relación con nosotros si no puedes
sostenerla hasta el fin? ¿Pretendes volar y no estás seguro
contra el vértigo? ¿Nos hemos metido contigo, o eres tú que
con nosotros se metió?

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