FAUSTO


MEFISTÓFELES
Ahora se va a sentar en una charca. Esta es la manera que
tiene de aliviarse; y cuando las sanguijuelas se regodean en
sus posaderas, queda curado de los espíritus y del espíritu.
(A Fausto, que ha dejado de bailar)
¿Por qué dejas marchar esa linda muchacha, que tan
deliciosa-mente cantaba para incitarte a bailar?

FAUSTO
¡Ah! En medio del canto, saltó de su boca un ratoncillo
colorado.

MEFISTÓFELES
¡Brava cosa! No hay que reparar en pelillos. Menos mal
que el ratón no era gris. ¿Quién hace caso de ello en la hora
propicia al amor?

FAUSTO
Luego vi...

MEFISTÓFELES
¿Qué?

FAUSTO
Mefisto, ¿ves allí una pálida y hermosa jovencita que está
sola y apartada? Se aleja con paso lento, y diríase que anda
con los pies encadenados. Debo confesarlo: pienso que se
parece a la buena Margarita.

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