FAUSTO


Es menester que te agarres a las viejas salientes de la roca;
de lo contrario, la borrasca te despeñará al fondo de estas
simas. La niebla hace la noche más densa. Escucha como
cruje la selva. Los mochuelos huyen despavoridos. ¡Oye! Las
columnas de los palacios perpetua-mente verdes saltan
convertidas en astillas. Las ramas gimen y se desga-jan; los
troncos son sacudidos con violencia; rechinan las raíces y se
abren como bostezando. En la espantosa confusión de la
caída, desplómanse todos con estrépito unos sobre otros, y
por los precipicios cubiertos de broza, silba y aúlla el
huracán. ¿No oyes voces en lo alto, en lontananza, en las
cercanías? Sí, a lo largo de toda la montaña corre un furioso
canto mágico.

LAS BRUJAS
(En coro). Avanzan las brujas hacia el Brocken; amarillo es
el rastrojo, verde la sementera. Allí se congrega la gran mu-
chedumbre; en el sitio más alto está entronizado el señor
Urián. Eso, pues, va a todo correr; la bruja vent... el cabrón
hiede.

UNA VOZ
Montada en una marrana, viene sola la vieja Baubo.

EL CORO
Así, ¡honor a quien se debe honor! ¡Adelante, señora
Baubo, y marchad a la cabeza! un vigoroso puerco y la
madre, encima, y en pos toda la cáfila de brujas.

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