FAUSTO




Según parece, hemos entrado en la esfera de los sueños y
encan-tamientos. Guíanos bien, y hazte honor a ti mismo,
para que pronto lleguemos a los vastos espacios desiertos.
Veo los árboles como pasan con rapidez unos tras otros y
las escarpadas rocas que se inclinan y las largas narices de los
peñascos que roncan y soplan.
Por entre las piedras, por entre la hierba, corren hacia
abajo arroyo y arroyuelo. ¿Oigo murmurios? ¿Oigo cantos?
¿Oigo una dulce queja amorosa, voces de aquellos días
celestiales? ¿Son nuestras esperanzas? ¿Son nuestros amores?
Y el eco resuena como leyenda de tiempos pasados.
¡U-hu! Chu-hu! Esto se oye más cerca; lechuza, frailecillo
y grajo, ¿están todos despiertos? ¿Son salamandras lo que
hay entre las breñas, con sus luengas patas e hinchados
vientres? Y las raíces, a semejanza de serpientes, se retuercen
por fuera de la roca y de la arena y tienden extraños lazos
para asustarnos o cogernos. Desde las animadas y recias
excrecencias nudosas, alargan en dirección al caminante sus
tentáculos de pulpo. Y ratones de mil colores corren en
tropel a través del musgo y del matorral. Y las luciérnagas
vuelan en apretados enjambres formando un confuso
acompañamiento.
Mas dime: ¿estamos parados o avanzamos? Todo, todo
parece dar vueltas, peñas y árboles, que hacen visajes, y
fuegos fatuos, que se multiplican y se agrandan.

MEFISTÓFELES

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