JOHAN WOLFGANG GOETHE


MEFISTÓFELES
A decir verdad, nada de eso experimento yo. Tengo el
invierno en el cuerpo. Quisiera ver mi camino cubierto de
escarcha y nieve. ¡Cuán triste sube el rojo disco escotado de
la luna con su tardía lumbre, y cuán mal ilumina, que a cada
paso choca uno contra un árbol o una roca! Deja que llame
yo un fuego fatuo, precisamente veo allí uno que arde alegre.
¡Eh1 ¡Amigo mío! ¿Puedo pedirte que vengas hacia noso-
tros? ¿Por qué te empeñas en arder tan sin provecho? Ten,
pues, la bondad de alumbrarnos hasta allá arriba.

EL FUEGO FATUO
Por respeto a vos, confío que lograré dominar mi natural
ligero. Nuestra marcha no va de ordinario sino en zigzag.

MEFISTÓFELES
¡Hola, hola! Piensa él imitar a los hombres. Anda
derecho, en nombre del diablo, o apago de un soplo la
oscilante llama de tu Vida.

EL FUEGO FATUO
Bien advierto que sois el amo de la casa y de buen talante
me someto a vos. Pero tened en cuenta que la montaña está
hoy locamente embrujada, y si un fuego fatuo os ha de
mostrar el camino, no habéis de fijaros en tales menudencias.

FAUSTO, MEFISTÓFELES y el FUEGO FATUO, en
canto alternado.

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