FAUSTO


ultraje, ¡y yo habré: de quedarme quieto como un mal
deudor, sudando a cada leve palabra dicha al azar! Y aunque
pudiera molerlos a palos todos juntos, no podría, sin
embargo, llamarlos embusteros... ¿Quién llega? ¿Quién se
acerca con paso furtivo? A no engañarme, son dos. Si es él, al
punto le echo la mano encima y no escapará vivo de aquí.
(Entran FAUSTO y MEFISTÓFELES)

FAUSTO
Como de aquel ventanal de la sacristía se eleva tremulenta
la luz de la pequeña lámpara perpetua y cada vez más
mortecina alumbra débilmente de soslayo, y en torno de ella
se cierran las tinieblas, así reina la noche en mi alma.

MEFISTÓFELES
Y yo soy como el gatito que, consumido de lúbrico ardor,
se escurre a lo largo de una escala de incendio, y luego se
frota suavemente contra las paredes. Con esto me siento del
todo virtuoso una pizca de codicia ladronesca y una pizca de
lascivia gatuna. Así es que ya me trasguea por todos los
miembros la deliciosa noche de Walpurgis, que será pasado
mafíana. Allí, al menos, sabe uno por qué trasnocha.

FAUSTO
Interín ¿no sube a la superficie el tesoro que veo
centellear allí detrás?.

MEFISTÓFELES

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