JOHAN WOLFGANG GOETHE




LA NOCHE

Una calle, frente a la puerta de Margarita
VALENTÍN, soldado, hermano de Margarita

VALENTÍN
Cuando me hallaba en una francachela, donde más de
uno gusta de jactarse, y los camaradas habían ponderado en
alta voz delante de mi la flor de las mozas anegando los
elogios en el vaso lleno hasta el borde, estaba yo de codos en
la mesa sentado con el mayor sosiego, es-cuchando todas
aquellas fanfarronadas. Me acaricio sonriendo la bar-ba,
tomo en mi mano el vaso lleno, y digo: Cada cosa en su
lugar. Pero ¿hay en todo el país una muchacha que valga
tanto como mi querida Margaritilla, y le llegue a la suela del
zapato a mi hermana? ¡Top! ¡top! ¡Cling! ¡clang! y el chocar
de las copas daba vuelta a la mesa. "Tiene razón, exclamaban
unos, es la joya de todo su sexo". Enmudecían en-tonces
todos los elogiadores. ¡Y ahora...! Hay que mesarse los ca-
bellos y tirarse de cabeza contra las paredes. Con dichos
picantes y gestos burlones, no habrá pícaro que no me

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