FAUSTO


Con mis lágrimas ¡ay! he regado las macetas de mi
ventana mientras, al rayar el alba, cogía estas flores para ti.
Cuando muy de mañana lucía el sol en lo alto de mi apo-
sento, estaba ya sentada en mi lecho, sumida en la mayor
desolación.
¡Acude en mi auxilio! ¡Sálvame de la deshonra y de la
muerte! ¡Ah! ¡Vuelve compasiva tu rostro a mi duelo, Madre
dolorosa!




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