FAUSTO




APOSENTO DE MARGARITA

MARGARITA sola, junto al torno de hilar

MARGARITA
Oprimido está mi corazón, huyó de mi el sosiego; nunca
lo recobraré, nunca, nunca más.
Allí donde no le tengo a él, es para mí la tumba, el mundo
entero está para mí lleno de amargor.
Turbada está mi pobre cabeza, hecha pedazos tengo mi
pobre alma.
Oprimido está mi corazón, huyó de mí el sosiego; nunca
lo reco-braré, nunca, nunca más.
Sólo para verle a él miro por la ventana; por él sólo salgo
de mi casa.
¡Su paso arrogante, su noble apostura, la sonrisa de sus
labios, el poder de sus ojos!
El flujo mágico de su palabra, la presión de su mano y
¡ay! ¡su beso!



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