FAUSTO


presentimiento, sentir dentro del pecho toda la obra de los
seis días, dotado de soberbia pujanza gozar de no sé qué,
desbordarse luego con amoroso enajenamiento en todo, sin
quedar rastro del hijo de la tierra, y entonces terminar esta
sublime contemplación (haciendo un adernán expresivo.)...
de un modo que no me atrevo a decirlo.

FAUSTO
¡Quítate allá!

MEFISTÓFELES
Esto no os cae en gracia. Tenéis el derecho de decir con
buenos modos: ¡quítate allá! Delante de castos oídos, no se
ha de nombrar aquello de que no pueden privarse los castos
corazones. Y por decirlo claro y en breves palabras, te
concedo el placer de mentirte un poco a ti mismo cuando
llegue el caso; pero no lo aguantarás largo tiempo. Ya estás
otra vez rendido, y si esto llega a durar mucho, te consumirás
de frenesí o de angustia y espanto. Pero basta ya de eso. Tu
amada no se mueve de allí dentro, y todo se le hace estrecho
y triste. Tú no te apartas ni un ápice de su pensamiento, y ella
te ama con extremo. Al principio, tu amoroso frenesí vino a
desbordarse, como se sale de madre el arroyuelo al derretirse
la nieve; ese frenesí tú se lo vertiste en el corazón, y ahora tu
pequeño arroyo se ha quedado seco de nuevo. Me parece a
mí que, en vez de imperar en las selvas, haría bien el noble
señor en recompensar ese pobre pimpollo por su cariño. El
tiempo se le hace horriblemente largo. Se está ella junto a la

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