JOHAN WOLFGANG GOETHE


complacerle, y nunca es posible adivinar por la nariz de ese
señor lo que le place y lo que hay que dejar.

FAUSTO
¡Cabal! Quiere aún que le dé las gracias por estarme
fastidiando.

MEFISTÓFELES
¿Cómo hubieras tú, pobre hijo de la tierra, vivido sin mí?
Del chichirimoche de la imaginación, no obstante, ya te he
curado por mucho tiempo; y si no fuera por mí, ya te
hubieras ido a pasear lejos de este globo terráqueo. ¿Qué
sacas tú con estarte consumiendo ahí agazapado como un
mochuelo en las cavernas o hendeduras de los peñascos?
¿Para qué chupar, como un sapo, tu alimento del húmedo
musgo y de las rezumantes rocas? ¡Vaya un bonito y dulce
pasatiempo! Tienes aún el doctor metido en el cuerpo.

FAUSTO
¿No concibes qué nueva energía vital me depara este
paseo en la soledad? Ciertamente, si pudieras tú sospecharla,
serías bastante diablo para envidiar mi dicha.

MEFISTÓFELES
Sí, ¡una dicha supraterrena! Tenderse en las montañas por
la noche sobre el césped bañado de rocío, y embebecido,
abarcar tierra y cielo, hincharse hasta creer llegar a la talla de
un dios, escudriñar el meollo de la tierra con el ardor del

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