FAUSTO


elevan para mi en el aire, desde los escarpados riscos y la
húmeda maleza, las argentinas formas de lo pasado,
templando el austero deleite de la contemplación, ¡Ah! Bien
veo ahora que al hombre nada perfecto se le ofrece. A la par
que este arrobamiento que me transporta cada vez más cerca
de los dioses, me diste el compañero de quien no puedo ya
privarme, a pesar de que, frío y procaz, me humilla a mis
propios ojos y con un soplo de su palabra reduce tus dones a
la nada. Con empeño atiza en mi pecho un violento fuego
que me arrastra hacia aquella hechicera imagen. Así, ando
vacilante del deseo al goce, y en el goce suspiro por el deseo.
(Aparece MEFISTÓFELES.)

MEFISTÓFELES
¿No os habéis cansado ya de llevar esa vida? ¿Cómo
puede gustaros a la larga? Bueno es probarla una vez; pero
luego, a otra cosa nueva.

FAUSTO
Bien podrías hacer cosa mejor que venir a importunarme
en mis momentos de placidez.

MEFISTÓFELES
Bueno, bueno. Con mucho gusto te dejo tranquilo; no
hay necesidad de que me lo digas con esa cara tan seria. Con
un compañero tan adusto, desabrido y extravagante como tú,
sin duda poco hay que perder. Todo el día se ajetrea uno por



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