JOHAN WOLFGANG GOETHE




UNA SELVA CON UNA CAVERNA

FAUSTO solo

FAUSTO
Espíritu sublime tú me otorgaste todo cuanto pedí. No
en balde volviste hacia mí tu faz en medio de la llama. Me
diste la espléndida Naturaleza por reino, y a la vez, poder
para sentirla y gozar de ella. No es puramente con fría
admiración como me permites contemplarte, sino que me
concedes la facultad de mirar en su profundo seno como en
el pecho de un amigo. Haces desfilar ante mí la seguida de
seres vivientes, y me enseñas a conocer mis hermanos en el
tranquilo matorral, en el aire y en el agua. Y cuando ruge la
tormenta y estalla en la selva; cuando el pino gigante, al
desplomarse, troncha y arrastra consigo ramas y troncos
cercanos, y a su caída truena la montaña sordamente en sus
concavidades; entonces me guías a la segura caverna, me
muestras a mi mismo, y se manifiestan las recónditas,
profundas maravillas de mi propio pecho. Y cuando ante mis
ojos sube límpida la luna difundiendo calma por doquier, se

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