FAUSTO


MARGARITA
¡Dios de bondad! ¡Cuántas y cuántas cosas no podrá
pensar un hombre de su condición! Ante él quédome toda
confusa, avergonzada, y a todo digo que sí. Es que soy una
pobre niña ignorante; no comprendo qué encuentra en mí.
(Vase.)




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