JOHAN WOLFGANG GOETHE


Quedéme turbada, pues nunca me había sucedido tal
cosa; nadie podía decir mal de mí. ¡Ah! pensé ¿habrá visto en
tu porte algo de indecoroso, de inconveniente? Parecía de
pronto que tenía ganas de proceder sin miramientos con esta
joven. Con todo, debo confesarlo. Yo no sé lo que en
seguida empezó a agitarse aquí en favor vuestro; pero, podéis
bien creerlo, estaba muy enojada conmigo por no poder estar
más enojada con vos.

FAUSTO
¡Dulce amor mío!

MARGARITA
Permitidme un momento. (Coge una margarita y arranca los
pétalos uno tras otro.)

FAUSTO
¿Qué es eso? ¿Un ramillete?

MARGARITA
No, es sólo un juego.

FAUSTO
¿Cómo?

MARGARITA
¡Vaya! Os reiréis de mí. (Deshoja la flor musitando.)



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