FAUSTO


tranquilos; mi her-mano es soldado y mi hermanita murió.
Verdad es que la niña me hizo pasar mis malos ratos, pero
gustosa cargaría yo de nuevo con todas aquellas molestias:
tanto amaba a la chiquita.

FAUSTO
Un ángel, si se parecía a ti.

MARGARITA
Yo la crié, y ella me quería de corazón. Vino al mundo
después de la muerte de mi padre. Dábamos por perdida la
madre: tan postrada yacía a la sazón, pero se fué reponiendo
lentamente paso a paso. No podía, pues, ella pensar entonces
en dar el pecho a la pobre criaturita, y así es que con leche y
agua la crié yo sola, y de esta suerte la niña vino a ser como
hija mía. En mi brazo, en mi falda estaba risueña, retozaba e,
iba creciendo.

FAUSTO
Con seguridad, gozaste la dicha más pura.

MARGARITA
Pero no hay duda que también pasé no pocas horas muy
amargas. De noche, la niña tenía su cuna junto a mi cama;
por poco que se moviera, ya estaba yo despierta, y ora tenía
que darle de beber, ora acostarla a mi lado; otras veces, si no
callaba, tenía que levantarme y pasearla meciéndola en mis
brazos, de un extremo a otro del aposento, y al amanecer

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