JOHAN WOLFGANG GOETHE




UN JARDÍN

MARGARITA, del brazo de FAUSTO; MARTA, paseándose
de un lado a otro con MEFISTÓFELES.

MARGARITA
Bien comprendo que el señor guarda muchas atenciones
conmigo y se humilla hasta llegar a confundirme. Tan
habituado está un viajero a mostrarse complacido por
delicadeza con lo que halla... Harto sé que mi pobre
conversación no puede halagar a un hombre tan instruido.

FAUSTO
Una mirada tuya, una palabra, me halagan más que toda la
sabiduría de este mundo. (Le besa la mano.)

MARGARITA
No os toméis esa pena. ¿Cómo podéis siquiera besar mi
mano? ¡Es tan fea, tan ruda! ¿Qué no he debido hacer ya? Mi
madre ¡es tan exigente...! (Pasan.)

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