FAUSTO


¡El muy tunante! ¡Ladrón de sus hijos! ¡Ni todas las mise-
rias, ni todas las calamidades pudieron poner freno a su
vergonzosa vida!

MEFISTÓFELES
Ya lo veis. De resultas de eso yace ahora muerto. Si estu-
viese yo en vuestro lugar, llevaría luto por él un año, como es
debido, y luego, entretanto, pondría las miras en algún nuevo
galán.

MARTA
¡Ah, Dios mío! Como el primero, no encontraré tan fácil-
mente otro en este mundo. Apenas podía haber un locuelo
más cariñoso que él; sólo que tenía demasiada afición a correr
mundo, a las mozas extranjeras, al vino extranjero y al
maldito juego de los dados.

MEFISTÓFELES
¡Bah! Eso podía muy bien pasar si, por su parte, os había
él tolerado poco más o menos otro tanto. Os juro que con
esta condición, yo mismo cambiaría con vos el anillo.

MARTA
¡Oh! El señor gusta de bromear.

MEFISTÓFELES




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