FAUSTO


costumbre de reírte. Del sol y de los mundos, nada sé yo que
decir, y, sólo veo como se fatigan los mortales. El raquítico
dios de la tierra sigue siendo de igual calaña y tan
extravagante como en el primer día. Un poco mejor viviera si
no le hubieses dado esa vislum-bre de la luz celeste, a la que
da el nombre de Razón y que no utiliza sino para ser más
bestial que toda bestia. Se me figura, dicho sea con perdón de
vuestra Señoría, uno de esos cigarrones de largas patas, que
sin cesar vuelan y saltan volando y cantan invariablemente en
la hierba su vieja cantinela. ¡Menos mal si pudiera siempre
estarse quieto en la hierba! No hay inmundicia donde no
meta la nariz.

EL SEÑOR
¿Nada más tienes que decirme? ¿Has de venir siempre a
inculpar? ¿Nunca hay para ti algo bueno en la tierra?

MEFISTÓFELES
No, Señor; encuentro lo de allá deplorable como siempre.
Lásti-ma me dan los hombres en sus días de miseria, y hasta
se me quitan las ganas de atormentar a esa pobre gente.

EL SEÑOR
¿Conoces a Fausto?

MEFISTÓFELES
¿El doctor?



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