JOHAN WOLFGANG GOETHE


Casi se me doblan las rodillas. Ved ahí que en mi armario
encuentro una nueva cajita como la otra, de ébano, pero
mucho más rica que la primera, y con unas cosas de todo
punto soberbias.

MARTA
No vayas a decírselo a tu madre; al momento se la llevaría
también el confesor.

MARGARITA
¡Ah! Ved, mirad.

MARTA
(Ataviándola). ¡Dichosa criatura!

MARGARITA
Pero ¡ay! no me atrevo a presentarme con esto en la calle
ni en la iglesia.

MARTA
Ven, pues, a verme a menudo, y te pones aquí el aderezo
sin que nadie te vea. Paséate una horita delante del espejo, y
en ello tendremos nuestro placer. Luego se presenta una
ocasión, viene una fiesta, y así poco a poco se deja ver eso a
la gente, primero una cadenita, después la perla en la oreja.
Tu madre no reparará en ello seguramente, o bien se le hace
creer un cuento cualquiera.



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