FAUSTO




LA CASA DE LA VECINA

MARTA sola

MARTA
¡Dios se lo perdone a mi querido esposo! No se ha
portado bien conmigo. Lanzóse a correr mundo, y me deja
sola y abandonada. Y sin embargo, segura estoy de no
haberle dado el menor disgusto, y bien sabe Dios que le he
amado de todo corazón. (Rompe a llorar.) Tal vez habrá
muerto... ¡Ay, qué dolor...! ¡Si al menos tuviese yo su partida
mortuoria...!
Entra MARGARITA

MARGARITA
Señora Marta...

MARTA
¿Qué hay, Margaritilla mía?

MARGARITA

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