JOHAN WOLFGANG GOETHE


MEFISTÓFELES
Haceos cuenta no más que el aderezo que yo traje para
Margari-tilla, lo ha garfiñado un frailote, No bien la madre
llegó a ver la cosa, empezó a sentir un secreto temor. Esa
mujer tiene un olfato muy fino, siempre tiene metida la nariz
en su libro de oraciones, y con oler tan sólo un objeto,
conoce si la cosa es sagrada o profana, y al fijarse en el
aderezo, olió muy claro que no había en él mucha bendición.
"Hija mía, exclamó, los bienes mal adquiridos turban el alma
y consumen la sangre. Ofrezcamos esto a la Madre de Dios, y
ella nos deleitará con el maná celestial." Margaritilla torció el
gesto. Después de todo, pensó, es caballo regalado, y de fijo
no será un impío quien con tanta delicadeza lo trajo aquí. La
madre mandó llamar un frailuco, que apenas se hubo
enterado de la broma, quedóse muy satisfecho al ver aquello,
y dijo: "Muy bien pensado! Aquel que se vence, aquel gana.
La iglesia tiene buen estómago; ha devorado países enteros, y
a pesar de esto no ha padecido todavía ningún empacho.
Sólo la Iglesia, señoras mías, puede digerir los bienes mal
adquiridos."

FAUSTO
Esa es una costumbre general; un judío, un rey pueden
hacer otro tanto.

MEFISTÓFELES
Dicho esto, se embolsó broche, gargantilla y anillos, lo
mismo que si fueran baratijas, dió las gracias ni más ni menos

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