JOHAN WOLFGANG GOETHE


"Sentado estaba en el regio festín, rodeado de caballeros,
en el gran salón de los antepasados, allá en el castillo que
domina el mar.
"En pie estaba allí el anciano bebedor; bebió la postrera
chispa vital, y arrojó la venerable copa abajo en las ondas.
"La vió caer, llenarse de agua y hundirse en el fondo del
mar; cerráronse sus ojos: nunca bebió una gota más."
(Abre el armario para colocar en él sus vestidos, y ve el cofrecito de
joyas).
¿Cómo ha entrado aquí esta hermosa cajita? Y yo estoy
bien segura de haber cerrado el armario. ¡Es muy extraño...!
¿Que habrá dentro...? Tal vez alguien la habrá traído en
prenda, y mi madre ha prestado dinero sobre ella. Ahí de una
cinta cuelga una llavecita. ¡Si yo la abriera...! ¿Qué es eso?
¡Dios del cielo! En mi vida he visto cosa igual. ¡Un aderezo!
Con él podría una noble dama concurrir a la fiesta más
solemne. ¿Cómo me sentaría la gargantilla? Pero ¿de quién
será esa preciosidad? (Se atavía con ella y se pone delante del espejo).
¡Si tan siquiera fuesen míos los pendientes! Con esto una
tiene en seguida un aire muy distinto. ¿De qué os sirve
belleza, juventud? Todo eso es a la verdad hermoso y bueno,
pero también nadie hace caso de ello. Se os dirige un
cumplido medio por lástima, pues todo corre en tropel hacia
el oro, y al oro todo se aferra. ¡Ah, pobres de nosotras!




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