JOHAN WOLFGANG GOETHE


imagen divina. Y tú, ¿qué te ha traído a este sitio? ¡Cuán
íntimamente conmovido me siento! ¿Qué quieres, qué buscas
aquí? ¿Por qué se te o-prime el corazón? ¡Miserable Fausto!
No te reconozco ya. ¿Es un mag-nífico efluvio lo que aquí
me envuelve? Un vivo impulso me arrastraba, en derechura
al goce, y ahora siento derretirme en un sueño de amor.
¿Somos acaso juguete de cada soplo de viento? Y si ella
entrara en este instante, ¡cómo expiarías tu temeridad! El gran
personaje ¡ah, qué pequeño! caería anonadado a sus pies.
(Entra MEFISTÓFELES)

MEFISTÓFELES
¡Aprisa! La veo venir allá abajo.

FAUSTO
Salgamos, salgamos. Nunca más vuelvo.

MEFISTÓFELES
He aquí una cajita tal cual pesada, que he cogido en algún
otro paraje. Dejadla ahí en el armario, y os juro que la chica
va a perder la cabeza. Os he puesto dentro algunas cositas
para ganar otra. No hay duda: los niños son niños, y los
juegos, juegos son.

FAUSTO
No sé si debo...

FAUSTO

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