JOHAN WOLFGANG GOETHE




MEFISTÓFELES
Mucho falta aún para terminar; bien lo sé. Así reza todo
el libro. Harto tiempo he perdido yo en eso, puesto que una
contradicción com-pleta resulta un misterio tanto para los
sabios como para los necios. El arte, amigo mío, es viejo y
nuevo. En todos los tiempos ha habido cos-tumbre de
difundir, por tres y uno y uno por tres, el error en lugar de la
verdad. De este modo se charla y se dogmatiza sin inquietarse
uno lo más mínimo. ¿Quién va a meterse con los locos? De
ordinario, el hombre cree cuando oye sólo palabras, pero es
menester también que ellas hagan pensar alguna cosa.

LA BRUJA
(Prosiguiendo). El alto poder de la sabiduría está oculto
para todo el mundo. Y al que no discurre, a él es concedido;
él lo tiene sin fatiga alguna.

FAUSTO
¡Qué desatinos está ensartando! Mi cabeza está a punto
de esta-llar. Paréceme oír todo un coro de cien mil orates.

MEFISTÓFELES
¡Basta, basta, ilustre sibila! Danos acá tu elixir, y llena
pronto la copa hasta el borde, pues a mi amigo no le dañará
esa bebida. Es hom-bre de muchos grados y ha echado más
de un buen trago.



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