JOHAN WOLFGANG GOETHE


LA BRUJA
¡Ay! ¡ay! ¡ay! ¡Arre allá, maldita marrana! ¡Bestia
condenada! ¿Así cuidas de la marmita? ¿Así quemas a la
señora? ¡Maldito animal! (Viendo a Fausto y Mefistófeles). ¿Qué
es eso? ¿Quiénes sois? ¿Qué buscáis ahí? ¿Quién se ha
metido aquí a hurtadillas? ¡Que el tormento del fuego os
llegue hasta los huesos!
(Mete súbitamente la espumadera en la marmita y lanza con fuerza
una rociada de llamas sobre Fausto, Mefistófeles y los animales. Los
animales dan gritos lastimeros.)

MEFISTÓFELES
(Da media vuelta al escobón que tiene en la mano, y golpea ,con el
mango a derecha e izquierda los vasos y cacharros). - ¡Roto! ¡roto!
Ahí está derramada por el suelo la papilla. Ahí por tierra está
el vaso. No es sino pura diversión, carroña; llevo el compás
de tu melodía. (Mientras la Bruja retrocede llena de furor y espanto).
¿Me conoces ahora, estantigua, tarasca? ¿No conoces a tu
amo y señor? No sé qué me detiene que no te zurro y no te
hago pedazos a ti y a tus espíritus-monos. ¿No tienes ya
respeto al jubón rojo? ¿No sabes distinguir la pluma de
gallo? ¿Por ventura he ocultado este rostro? ¿Será menester
acaso que me nombre yo mismo?

LA BRUJA
¡Oh! Perdonad, señor, mi impolítico saludo. Pero no veo
ningún pie de caballo. ¿D6nde están, pues vuestros dos cuer-
nos?.

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