JOHAN WOLFGANG GOETHE


EL GRACIOSO
Por de contado, amigo mío, buena falta te hará la
juventud si te acosan los enemigos en la pelea; si hechiceras
jóvenes se cuelgan apa-sionadas a tu cuello; si en lontananza
la corona de veloz carrera te aguarda desde la meta difícil de
alcanzar, si tras la violenta danza ver-tiginosa se pasan las
noches en comilonas y empinando el codo. Pero pulsar con
brío y donaire las cuerdas de la lira familiar, dirigirse vagando
con dulce extravío hacia el ideal que uno mismo se trazara:
he aquí, viejos señores, vuestra tarea, y no por eso os
respetamos menos. La vejez no nos vuelve infantiles, como
dicen, sino que nos encuentra todavía cual verdaderos niños.

EL DIRECTOR
Basta ya de pláticas; mostradme también hechos al fin.
Mientras os deshacéis en recíprocos cumplidos, puede
hacerse algo de prove-cho. ¿De qué sirve tanto hablar de
inspiración? A los hombres irreso-lutos nunca les llega. Si de
poetas os preciáis, comandad entonces la Poesía. Bien sabéis
lo que nos hace falta: queremos saborear bebidas fuertes;
disponeos ahora mismo a preparármelas. Lo que no se hace
hoy, queda por hacer mañana, y no hay que perder en
vacilaciones un solo día. Coja la resolución a lo posible por
los cabellos con osadía y sin demora alguna, y luego no lo
suelte y siga obrando, porque así debe hacerlo. Ya sabéis que
en nuestros teatros alemanes cada cual en-saya lo que le
place; por lo tanto, no me escatiméis en este día ni deco-
raciones ni tramoya. Utilizad el grande y el pequeño luminar

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