FAUSTO


cátate hecha una novela. Demos también nosotros un
espectáculo parecido. Meted la mano en plena vida humana.
Todos la viven, pero pocos la conocen, y dondequiera que la
cojáis, allí ofrece interés. En pintarrajeados cuadros, escasa
luz, mucho error y una chispita de verdad. Así se confecciona
la mejor bebida que a todo el mundo conforta y edifica. En-
tonces se congrega la nata y flor de la ju-ventud ante vuestra
pieza y presta oído a la exposición; entonces cada alma
sensible chupa de vuestra obra para sí melancólico sustento,
entonces se aviva ora éste, ora aquel afecto del ánimo, y cada
cual ve reproducido lo que lleva en el corazón. Además,
están ellos dispuestos lo mismo a llorar que a reír, aplauden
los vuelos del poeta y gozan en la ilusión. Al hombre
maduro nada hay que le satisfaga; aquel que está en camino
de serlo, será siempre agradecido.

EL POETA
Devuélveme, pues, también, aquellos tiempos en que yo
mismo estaba en flor, en que un copioso manantial de cantos
nacía de nuevo sin cesar, en que las nieblas me velaban el
mundo, en que el capullo me prometía aún maravillas, y
cogía yo a miles las flores que con profusión llenaban todos
los valles. Nada tenía entonces, y sin embar-go, tenía lo
suficiente: afán de verdad y placer en la ilusión. Tórname
aquellos indómitos impulsos, aquella íntima felicidad llena de
dolor, la fuerza del odio, la potencia del amor; ¡devuélveme
la juventud!



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