Bram Stoker


de una manera ensoñadora, como si estuviera tratando de recordar lo
sucedido.
-No soñé propiamente, pero todo parecía ser muy real. Sólo quería
estar aquí en este lugar, sin saber por qué, pues tenía miedo de algo, no sé
de qué. Aunque supongo que estaba dormida, recuerdo haber pasado por
las calles y sobre el puente. Al tiempo que pasaba saltó un pez, yo me in-
cliné para verlo y escuché muchos perros aullando; tantos, que todo el
pueblo parecía estar lleno de perros que aullaban al mismo tiempo, mien-
tras yo subía las gradas. Luego tuve una vaga sensación de algo largo y
oscuro con ojos rojos, semejante a lo que vimos en aquella puesta de sol, y
de pronto me rodeó algo muy dulce y muy amargo a la vez; entonces me
pareció que me hundía en agua verde y profunda, y escuché un zumbido
tal como he oído decir que sienten los que se están ahogando; y luego todo
pareció evaporarse y alejarse de mí; mi alma pareció salir de mi cuerpo y
flotar en el aire. Me parece recordar que en una ocasión el faro del oeste
estaba justamente debajo de mí, y luego hubo una especie de dolor, como
si me encontrara en un terremoto, y volviera a mí, y descubrí que me es-
tabas sacudiendo. Te vi haciéndolo antes de que te pudiera sentir.
Entonces comenzó a reírse. A mí me pareció todo aquello pa-
voroso, y escuché sin aliento. Aquello era sospechoso, y pensé que sería
mejor que su mente no se detuviera más en el tema, por lo que nos pusi-
mos a hablar de otras cosas, y Lucy estaba como en sus buenos tiempos.
Cuando regresamos a casa, la fresca brisa la había vigorizado, y sus pálidas
mejillas estaban realmente más sonrosadas. Su madre se regocijó al verla
así, y todas pasamos muy contentas una velada juntas.
19 de agosto. ¡Alegría, alegría, alegría! Aunque no todo es alegría.
Finalmente noticias de Jonathan. El pobrecito ha estado enfermo, y por eso
no había escrito. Ya no tengo miedo de pensarlo o decirlo, ahora que lo sé.
El señor Hawkins me entregó la carta, y me escribió él mismo. ¡Oh! ¡Qué
amable! Voy a salir mañana por la mañana e iré donde Jonathan, para cui-
darlo si es necesario y traerlo a casa. El señor Hawkins dice que no estaría
mal si nos pudiéramos casar allá. He llorado sobre la carta de la buena
hermana, al grado que puedo sentirla húmeda contra mi pecho, donde la
guardo. Es sobre Jonathan, y debe estar cerca de mi corazón, ya que él
está en mi corazón. He proyectado y previsto mi viaje, y mi equipaje está
preparado. Sólo me llevaré una muda de ropa; Lucy se llevará mi baúl a
Londres y lo guardará hasta que yo envíe por él, pues puede ser que... Ya
no debo escribir. Debo guardármelo todo para decírselo a Jonathan, mi
marido. La carta que él ha visto y tocado debe confortarme hasta que nos
encontremos.

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