Drácula


puso de pie, me estrechó las manos y me bendijo, y dijo adiós. Se alejó
cojeando. Todo esto me impresionó mucho, y me puso nerviosa.
Me alegré cuando el guardacostas se acercó, anteojo de larga vista
bajo el brazo. Se detuvo a hablar conmigo, como siempre hace, pero todo
el tiempo se mantuvo mirando hacia un extraño barco.
-No me puedo imaginar qué es -me dijo-. Por lo que se puede ver,
es ruso. Pero se está balanceando de una manera muy rara. Realmente no
sabe qué hacer; parece que se da cuenta de que viene la tormenta, pero no
se puede decidir a navegar hacia el norte al mar abierto, o a guarecerse
aquí. ¡Mírelo, otra vez! Está maniobrando de una manera extremadamente
rara. Tal parece que no obedece a las manos sobre el timón; cambia con
cualquier golpe de viento. Ya sabremos más de él antes de mañana a esta
misma hora.




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