Drácula


escapado. Había unas cuantas plumas en el cuarto y en su almohada había
unas gotas de sangre. No dije nada, pero fui y ordené al guardián que me
reportara si le había sucedido alguna cosa rara a Renfield durante el día.
11 a.m. Mi asistente acaba de venir a verme para decirme que Ren-
field está muy enfermo y que ha vomitado muchas plumas. "Mi creencia
es, doctor -me dijo-, que se ha comido todos sus pájaros, ¡y que se los ha
comido así crudos, sin más!"
11 p.m. Esta noche le di a Renfield un sedante fuerte, suficiente
para hacerlo dormir incluso a él, y tomé su libreta para echarle una mirada.
El pensamiento que ha estado rondando por mi cerebro últimamente está
completo, y la teoría probada. Mi maniático homicida es de una clase pe-
culiar. Tendré que inventar una nueva clasificación para él y llamarlo
maniático zoófago (que se alimenta de cosas vivientes); lo que él desea es
absorber tantas vidas como pueda, y se ha impuesto la tarea de lograr esto
de una manera acumulativa. Le dio muchas moscas a cada araña, y muchas
arañas a cada pájaro, y luego quería un gato para que se comiera muchos
pájaros. ¿Cuál hubiera sido su siguiente paso? Casi hubiera valido la pena
completar el experimento. Podría hacerse si hubiera una causa suficiente.
Los hombres se escandalizaron de la vivisección, y, sin embargo, ¡véanse
los resultados actuales! ¿Por qué no he de impulsar la ciencia en su aspecto
más difícil y vital, el conocimiento del cerebro humano? Si por lo menos
tuviese yo el secreto de una mente tal, si tuviese la llave para la fantasía de
siquiera un lunático, podría impulsar mi propia rama de la ciencia a un
lugar tal que, comparada con ella, la fisiología de Burdon-Sanderson o el
conocimiento del cerebro de Ferrier, serían poco menos que nada. ¡Si hu-
biese una causa suficiente! No debo pensar mucho en esto, so pena de caer
en la tentación; una buena causa puede trasmutar la escala conmigo, ¿pues
no es cierto que yo también puedo ser un cerebro excepcional, congénita-
mente?
Qué bien razonó el hombre; los lunáticos siempre razonan bien
dentro de su propio ámbito. Me pregunto en cuántas vidas valorará a un
hombre, o siquiera a uno. Ha cerrado la cuenta con toda exactitud, y hoy
comenzará un nuevo expediente. ¿Cuántos de nosotros comenzamos un
nuevo expediente con cada día de nuestra vida?
Me parece que sólo fue ayer cuando toda mi vida terminó con mi
nueva esperanza, y que verdaderamente comenzó un nuevo expediente.
Así será hasta que el Gran Recordador me sume y cierre mi libreta de
cuentas con un balance de ganancias o pérdidas. ¡Oh, Lucy, Lucy!, no
puedo estar enojado contigo, ni tampoco puedo estar enojado con mi


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