Bram Stoker


cuando Geordie suba jadeante por las rocas con su lápida equilibrada sobre
la joroba, ¡y pida que sea tomada como evidencia!
No supe qué decir; pero Lucy cambió la conversación al decir,
mientras se ponía de pie:
-¿Por qué nos habló sobre esto? Es mi asiento favorito y no puedo
dejarlo, y ahora descubro que debo seguir sentándome sobre la tumba de
un suicida.
-Eso no le hará ningún mal, preciosa, y puede que Geordie se alegre
de tener a una chica tan esbelta sobre su regazo. No le hará daño, yo
mismo me he sentado innumerables ocasiones en los últimos veinte años y
nada me ha pasado. No se preocupe por los tipos como el que yace ahí o
que tampoco están ahí. El tiempo para correr llegará cuando vea que todos
cargan con las lápidas y que el lugar quede tan desnudo como un campo
segado. Ya suena la hora y debo irme, ¡a sus pies, señoras!
Y se alejó cojeando.
Lucy y yo permanecimos sentadas unos momentos, y todo lo que
teníamos delante era tan hermoso que nos tomamos de la mano. Ella vol-
vió a decirme lo de Arthur y su próximo matrimonio; eso hizo que me sin-
tiera un poco triste, porque nada he sabido de Jonathan durante todo un
mes.
El mismo día. Vine aquí sola porque me siento muy triste. No hubo
carta para mí: espero que nada le haya sucedido a Jonathan. El reloj acaba
de dar las nueve, puedo ver las luces diseminadas por todo el pueblo, for-
mando hileras en los sitios en donde están las calles y en otras partes solas;
suben hasta el Esk para luego desaparecer en la curva del valle. A mi iz-
quierda, la vista es cortada por la línea negra del techo de la antigua casa
que está al lado de la abadía. Las ovejas y corderos balan en los campos
lejanos que están a mis espaldas, y del camino empedrado de abajo sube el
sonido de pezuñas de burros. La banda que está en el muelle está tocando
un vals austero en buen tiempo, y más allá sobre el muelle, hay una sesión
del Ejército de Salvación en algún callejón. Ninguna de las bandas escucha
a la otra; pero desde aquí puedo ver y oír a ambas. ¡Me pregunto en dónde
está Jonathan y si estará pensando en mí! Cómo deseo que estuviera aquí.

Del Diario del doctor Seward
5 de junio. El caso de Renfield se hace más interesante cuanto más
logro entender al hombre. Tiene ciertamente algunas características muy
ampliamente desarrolladas: egoísmo, sigilo e intencionalidad. Desearía po-
der averiguar cuál es el objeto de esto último. Parece tener un esquema
acabado propio de él, pero no sé cuál es. Su virtud redentora es el amor

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