Drácula


pesar de que hace frío. Hay una extraña pesadez en el aire...; digo pesadez
porque no encuentro una palabra mejor; quiero decir que nos oprime a
ambos. Hace mucho frío y sólo nuestras pieles calientes nos permiten sen-
tirnos cómodos. Al amanecer, van Helsing me hipnotizó, dice que con-
testé: "Oscuridad, roces de madera y agua rugiente", de manera que el río
está cambiando a medida que ascienden. Mi gran deseo es que mi amado
no corra ningún peligro; no más de lo necesario, pero estamos en las
manos de Dios.
2 de noviembre, por la noche. Hemos estado viajando todo el día.
El campo se hace más salvaje a medida que avanzamos y las grandes ele-
vaciones de los Cárpatos, que en Veresti parecían estar tan alejadas de
nosotros y tan bajas en el horizonte, parecen rodearnos y elevarse frente a
nosotros. Ambos parecemos estar de buen humor; creo que nos esfor-
zamos en animarnos uno al otro y, así, nos consolamos. El doctor van Hel-
sing dice que por la mañana llegaremos al Paso del Borgo. Las casas son
ahora muy escasas, y el profesor dice que el último caballo que obtuvimos
tendrá que continuar con nosotros, ya que es muy posible que no podamos
volver a cambiarlo. Tenemos dos, además de los otros dos que cam-
biamos, de manera que ahora poseemos un buen tiro. Los caballos son pa-
cientes y buenos y no nos causan ningún problema. No nos preocupamos
de otros viajeros, de manera que hasta yo puedo conducir. Llegaremos al
paso de día; no queremos llegar antes, de manera que vamos con calma y
ambos tomamos un largo descanso, por turnos. ¿Qué nos traerá el día de
mañana? Vamos hacia el lugar en donde mi pobre esposo sufrió tanto.
Dios nos permita llegar con bien hasta allí y que El se digne cuidar a mi
esposo y a los que nos son queridos, que se encuentran en un peligro tan
mortal. En cuanto a mí, no soy digna de El. ¡Ay! ¡No estoy limpia ante sus
ojos, y así permaneceré hasta que El se digne permitirme estar ante su
presencia, como uno de los que no han provocado su ira!

Memorando de Abraham van Helsing
4 de noviembre. Esto es para mi antiguo y sincero amigo, el doctor
John Seward, de Purefleet, Londres, en caso de que no lo pueda volver a
ver. Es posible que aclare. Es de mañana, y escribo junto al fuego que nos
ha mantenido vivos durante toda la noche. La señora Mina me ha ayudado.
Hace frío; mucho frío. Tanto, que el cielo gris y pesado está lleno de nieve
que, cuando caiga, permanecerá durante todo el invierno, ya que la tierra
se está endureciendo para recibirla. Parece haber afectado a la señora
Mina. Ha tenido la cabeza tan pesada durante todo el día, que no parece
ser la misma. ¡Duerme, duerme y sigue durmiendo! Ella, que es siempre
368

368