Bram Stoker



XXVII
DEL DIARIO DE MINA HARKER


1 de noviembre. Hemos viajado todo el día a buena velocidad. Los
caballos parecen saber que los estamos tratando con bondad, ya que de-
muestran la voluntad de avanzar al mejor paso. Hemos tenido algunos
cambios y encontramos tan constantemente lo mismo, que nos sentimos
animados a pensar que el viaje será fácil. El doctor van Helsing se muestra
lacónico; les dice a los granjeros que se apresura a ir a Bistritz y les paga
bien por hacer un cambio de caballos. Nos dan sopa caliente, café o té, y
salimos inmediatamente. Es un paisaje encantador, lleno de bellezas de to-
dos los tipos imaginables, y las personas son valerosas, fuertes y sencillas;
parecen tener muchas cualidades hermosas. Son muy, muy supersticiosos.
En la primera casa en que nos detuvimos, cuando la mujer que nos sirvió
vio la cicatriz en mi frente, se persignó y puso dos dedos delante de mí,
para mantener alejado el mal de ojo. Creo que hasta se tomaron la molestia
de poner una cantidad adicional de ajo en nuestros alimentos, y yo no
puedo soportarlo. Desde entonces, he tenido el cuidado de no quitarme el
velo, y de esa forma he logrado escapar a sus suspicacias. Estamos via-
jando a gran velocidad, y puesto que no tenemos cochero que pueda con-
tar chismes, seguimos nuestro camino sin ningún escándalo; pero me
atrevo a decir que el miedo al mal de ojo nos seguirá constantemente por
todos lados. El profesor parece incansable; no quiso descansar en todo el
día, a pesar de que me obligó a dormir un buen rato. Al atardecer, me
hipnotizó, y dice que contesté como siempre: "Oscuridad, ruido de agua y
roce de madera." De manera que nuestro enemigo continúa en el río.
Tengo miedo de pensar en Jonathan, pero de alguna manera ya no siento
miedo por él ni por mí. Escribo esto mientras esperamos en una granja, a
que los caballos estén preparados. El doctor van Helsing está durmiendo.
¡Pobre hombre! Parece estar muy cansado y haber envejecido y encane-
cido. Pero su boca tiene la firmeza de un conquistador. Aun en sueños,
tiene el instinto de la resolución. Cuando hayamos emprendido el camino,
deberé hacer que descanse, mientras yo misma conduzco la calesa; le diré
que tenemos todavía varios días por delante, y que no debe debilitarse, cu-
ando sea necesaria toda su fuerza... Todo está preparado. Dentro de poco
partiremos.
2 de noviembre, por la mañana. Tuve éxito y tomamos turnos para
conducir durante toda la noche; ahora ya es de día y el tiempo está claro a

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