Bram Stoker


esti aproximadamente al mediodía del miércoles. Necesitarían cierto
tiempo para conseguir la calesa y los caballos, de modo que si se habían
puesto en marcha, avanzando con rapidez, estarían ya cerca del Paso del
Borgo. ¡Que Dios los ayude y los cuide! Temo pensar en lo que pueda
suceder. ¡Si pudiéramos avanzar con mayor rapidez! Pero no es posible.
Los motores están trabajando a plena capacidad, y no es posible pedirles
más. Me pregunto también cómo se encuentran el señor Morris y el doctor
Seward. Parece haber interminables torrentes que bajan de las montañas
hasta el río, pero como ninguno de ellos es demasiado ancho..., en este
momento cuando menos, aun cuando sean indudablemente terribles en in-
vierno y cuando se derrite la nieve, los jinetes no encontrarán grandes difi-
cultades para cruzarlos. Espero alcanzar a verlos antes de llegar a Strasba,
puesto que si para entonces no hemos atrapado al conde, será quizá pre-
ciso que nos reunamos para decidir qué vamos a hacer a continuación.

Del diario del doctor Seward
2 de noviembre. Llevamos tres días galopando. No hay nada nuevo
y, de todos modos, no hubiera tenido tiempo para escribir nada, en caso de
que hubiera habido algo. Solamente tomamos los descansos necesarios
para los caballos, pero ambos lo estamos soportando muy bien. Los días en
que corríamos tantas aventuras están resultando muy útiles. Debemos con-
tinuar adelante; nunca nos sentiremos contentos en tanto no volvamos a
ver la lancha.
3 de noviembre. En Fundu nos enteramos de que la lancha había
ido por el Bistritza. Deseé que no hiciera tanto frío. Había señales de que
nevaría, y si la nieve cayera con mucha fuerza, nos detendría. En ese caso,
tendremos que conseguir un trineo para continuar, al estilo ruso.
4 de noviembre. Hoy nos enteramos de que la lancha fue detenida
por un accidente, cuando trataba de ascender por los rápidos. Los botes
eslovacos suben bien, con la ayuda de una cuerda y dirigiéndolos correc-
tamente. Algunos de ellos ascendieron sólo unas horas antes. Godalming
era un ajustador aficionado y, evidentemente, fue él quien puso la lancha
en marcha otra vez. Finalmente, consiguieron cruzar los rápidos, con
ayuda de los habitantes, y acaban de emprender la marcha, descansados.
Temo que la lancha no mejoró mucho con el accidente; los campesinos nos
informaron que después de que volvió nuevamente a aguas tranquilas, se-
guía deteniéndose de vez en cuando, mientras permaneció a la vista.
Debemos avanzar con mayor brío que nunca; es posible que pronto nece-
siten nuestra ayuda.


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