Drácula


Hemos emprendido una aventura terrible. Aquí, mientras avan-
zamos en medio de la oscuridad, sintiendo la frialdad del río que parece
levantarse para golpearnos, rodeados de todas las voces misteriosas de la
noche, vemos todo claramente. Parecemos ir hacia lugares desconocidos,
por rutas desconocidas, y entrar en un mundo nuevo de objetos oscuros y
terribles. Godalming está cerrando la puerta de la caldera...
31 de octubre. Continuamos avanzando a buena velocidad. Ha lle-
gado el día y Godalming está durmiendo. Yo estoy de guardia. La mañana
está muy fría y resulta muy agradable el calor que se desprende de la cal-
dera, a pesar de que llevamos gruesas chaquetas de piel. Hasta ahora, so-
lamente hemos pasado a unos cuantos botes abiertos, pero ninguno de
ellos tenía a bordo ninguna caja de equipo de ninguna clase, de tamaño
aproximado a la que estamos buscando. Los hombres se asustaban siempre
que volvimos nuestra lámpara eléctrica hacia ellos, se arrodillaban y ora-
ban.
1 de noviembre, por la noche. No hemos tenido noticias en todo el
día ni hemos encontrado nada del tipo que buscamos. Ya hemos pasado
Bistritza, y si nos equivocamos en nuestras suposiciones, habremos per-
dido la oportunidad. Hemos observado todas las embarcaciones, grandes y
pequeñas. Esta mañana, temprano, la tripulación de uno de ellos creyó que
éramos una nave del gobierno, y nos trató muy bien. Vimos en ello, en
cierto modo, un mejoramiento de nuestra situación; así, en Fundu, donde
el Bistritza converge en el Sereth. conseguimos una bandera rumana que
ahora llevamos en la proa. Este truco ha tenido éxito en todos los botes
que hemos encontrado a continuación; todos nos han mostrado una gran
deferencia y nadie ha objetado nada sobre lo que deseábamos inspeccionar
o preguntar. En Fundu no logramos noticias sobre ningún barco semejante,
de modo que debió pasar por allí de noche. Siento mucho sueño; el frío me
está afectando quizá, y la naturaleza necesita reposar de vez en cuando.
Godalming insiste en que él se encargará del primer cuarto de guardia.
Dios lo bendiga por todas sus bondades para con Mina y conmigo.
2 de noviembre, por la mañana. El día está muy claro. Mi buen
amigo no quiso despertarme. Dijo que hubiera considerado eso como un
pecado, ya que estaba dormido pacíficamente y, por el momento, me ol-
vidaba de mis pesares. Me pareció algo desconsiderado el haber dormido
tanto tiempo y dejarlo velando durante toda la noche, pero tenía razón.
Soy un hombre nuevo esta mañana y, mientras permanezco sentado,
viéndolo dormir a él, puedo ocuparme del motor, del timón y de la vigilan-
cia. Siento que mis fuerzas y mis energías están volviendo a mí. Me
pregunto dónde estarán ahora Mina y van Helsing. Debieron llegar a Ver-
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