Drácula


señora, veo que sus ojos se abren y que para usted, la luz del relámpago
ilumina todo el terreno."
La señora Harker comenzaba a apretarse las manos y sus ojos lan-
zaban chispas. El profesor continuó diciendo:
-Ahora debe hablar. Díganos a nosotros, a dos hombres secos a
ciencia, qué ve con esos ojos tan brillantes.
Le tomó una mano y la sostuvo entre las suyas mientras hablaba. Su
dedo índice y su pulgar se apoyaron en su pulso, pensé instintiva e incon-
scientemente, al tiempo que ella hablaba:
-El conde es un criminal y del tipo criminal. Nordau y Lombroso lo
clasificarían así y, como criminal, tiene un cerebro imperfectamente for-
mado. Así, cuando se encuentra en dificultades, debe refugiarse en los
hábitos. Su pasado es un indicio, y la única página de él que conocemos,
de sus propios labios, nos dice que en una ocasión, antes, cuando se en-
contraba en lo que el señor Morris llamaría "una difícil situación", regresó
a su propio país de la tierra que había ido a invadir y, entonces, sin perder
de vista sus fines, se preparó para un nuevo esfuerzo. Volvió otra vez,
mejor equipado para llevar a cabo aquel trabajo, y venció. Así, fue a Lon-
dres, a invadir una nueva tierra. Fue derrotado, y cuando perdió toda es-
peranza de triunfo y vio que su existencia estaba en peligro, regresó por el
mar hacia su hogar; exactamente como antes había huido sobre el Danu-
bio, procedente de tierras turcas.
-¡Magnífico! ¡Magnífico! ¡Es usted una mujer extraordinariamente
inteligente! -dijo van Helsing, con entusiasmo, al tiempo que se inclinaba y
le besaba la mano.
Un momento más tarde me dijo, con la misma calma que si hu-
biéramos estado llevando a cabo una auscultación a un enfermo:
-Solamente setenta y dos y con toda esta excitación. Tengo esper-
anzas -se volvió nuevamente hacia ella y dijo, con una gran expectación-:
Continúe. ¡Continúe! Puede usted decirnos más si lo desea; John y yo lo
sabemos. Por lo menos, yo lo sé, y le diré si está usted o no en lo cierto.
¡Hable sin miedo!
-Voy a intentarlo; pero espero que me excusen ustedes si les
parezco egoísta.
-¡No! No tema. Debe ser usted egoísta, ya que es en usted en quien
pensamos.
-Entonces, como es criminal, es egoísta; y puesto que su intelecto
es pequeño y sus actos están basados en el egoísmo, se limita a un fin. Ese
propósito carece de remordimientos. Lo mismo que atravesó el Danubio,
dejando que sus tropas fueran destrozadas, así, ahora, piensa en salvarse,
348

348