Bram Stoker


planeta y todavía no tendría bastante. En el caso del vampiro que nos
ocupa, todas las fuerzas ocultas de la naturaleza, profundas y poderosas,
deben haberse unido de alguna forma monstruosa. El lugar mismo en que
permaneció como muerto vivo durante todos esos siglos, está lleno de
rarezas del mundo geológico y químico. Hay fisuras y profundas cavernas
que nadie sabe hasta dónde llegan. Hay también volcanes, algunos de los
cuales expulsan todavía aguas de propiedades extrañas, y gases que matan
o vivifican. Indudablemente, hay algo magnético o eléctrico en algunas de
esas combinaciones de fuerzas ocultas, que obran de manera extraña sobre
la vida física, y que en sí mismas fueron desde el principio grandes cualida-
des. En tiempos duros y de guerras, fue celebrado como el hombre de ner-
vios mejor templados, de inteligencia más despierta, y de mejor corazón.
En él, algún principio vital extraño encontró su máxima expresión, y mien-
tras su cuerpo se fortalecía, se desarrollaba y luchaba, su mente también
crecía. Todo esto, con la ayuda diabólica con que cuenta seguramente,
puesto que todo ello debe atribuirse a los poderes que proceden del bien y
que son simbólicos en él. Y ahora, he aquí lo que representa para nosotros:
la ha infectado a usted; perdóneme que le diga eso, señora, pero lo hago
por su bien. La contaminó de una forma tan inteligente, que incluso en el
caso de que no vuelva a hacerlo, solamente podría usted vivir a su modo
antiguo y dulce, y así, con el tiempo, la muerte, que es común a todos los
hombres y está sancionada por el mismo Dios, la convertirá a usted en una
mujer semejante a él. ¡Eso no debe suceder! Hemos jurado juntos que no
lo permitiremos. Así, somos ministros de la voluntad misma de Dios: que
el mundo y los hombres por los que murió Su Hijo, no sean entregados a
monstruos cuya existencia misma es una blasfemia contra El. Ya nos ha
permitido redimir un alma, y estamos dispuestos, como los antiguos ca-
balleros de las Cruzadas, a redimir muchas más. Como ellos, debemos ir
hacia el Oriente, y como ellos, si debemos caer, lo haremos por una buena
causa.
Guardó silencio un momento y luego dije:
-Pero, ¿no aceptará sabiamente el conde su derrota? Puesto que ha
sido expulsado de Inglaterra, ¿no evitará este país, como evita un tigre el
poblado del que ha sido rechazado?
-¡Ajá! Su imagen sobre el tigre es muy buena y voy a adoptarla. Su
devorador de hombres, como llaman los habitantes de la India a los tigres
que han probado la sangre humana, se desentienden de todas las otras pre-
sas, y acechan al hombre hasta que pueden atacarlo. El monstruo que he-
mos expulsado de nuestro poblado es un tigre, un devorador de hombres,
que nunca dejará de acechar a sus presas. No, por naturaleza; no es alguien

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