Bram Stoker


encuentra Dios vigilando a sus hijos. Por consiguiente, permanezca ani-
mado y consuele a su esposa hasta nuestro regreso.
VAN HELSING

Del diario de Jonathan Harker
4 de octubre. Cuando le leí a Mina el mensaje que me dejó van Hel-
sing en el fonógrafo, mi pobre esposa se animó considerablemente. La cer-
tidumbre de que el conde había salido del país le proporcionó consuelo ya,
y el consuelo es la fortaleza para ella. Por mi parte, ahora que ese terrible
peligro no se encuentra ya cara a cara con nosotros, me resulta casi impo-
sible creer en él. Incluso mis propias experiencias terribles en el castillo de
Drácula parecen ser como una pesadilla que se hubiese presentado hace
mucho tiempo y que estuviera casi completamente olvidada, aquí, en me-
dio del aire fresco del otoño y bajo la luz brillante del sol...
Sin embargo, ¡ay!, ¿cómo voy a poder olvidarlo? Entre las nieblas
de mi imaginación, mi pensamiento se detiene en la roja cicatriz que mi
adorada y atribulada esposa tiene en la frente blanca. Mientras esa cicatriz
permanezca en su frente, no es posible dejar de creer. Mina y yo tememos
permanecer inactivos, de modo que hemos vuelto a revisar varias veces
todos los diarios. En cierto modo, aunque la realidad parece ser cada vez
más abrumadora, el dolor y el miedo parecen haber disminuido. En todo
ello se manifiesta, en cierto modo, una intención directriz, que resulta casi
reconfortante. Mina dice que quizá seamos instrumentos de un buen final.
¡Puede ser! Debo tratar de pensar como ella. Todavía no hemos hablado
nunca sobre lo futuro. Será mejor esperar a ver al profesor y a todos los
demás, después de su investigación.
El día ha pasado mucho más rápidamente de lo que hubiera creído
que podría volver a pasar para mí. Ya son las tres de la tarde.

Del diario de Mina Harker
5 de octubre, a las cinco de la tarde. Reunión para escuchar infor-
mes. Presentes: el profesor van Helsing, lord Godalming, el doctor Se-
ward, el señor Quincey Morris, Jonathan Harker y Mina Harker.
El doctor van Helsing describió los pasos que habían dado durante
el día, para descubrir sobre qué barco y con qué rumbo había huido el
conde Drácula.
-Sabíamos que deseaba regresar a Transilvania. Estaba seguro de
que remontaría la desembocadura del Danubio; o por alguna ruta del Mar
Negro, puesto que vino siguiendo esa ruta. Teníamos una tarea muy difícil


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