Drácula



XXIV
DEL DIARIO FONOGRAFICO DEL DOCTOR SEWARD,
NARRADO POR VAN HELSING


Esto es para Jonathan Harker.
Debe usted quedarse con su querida señora Mina. Nosotros debe-
mos ir a ocuparnos de nuestra investigación..., si es que puedo llamarla así,
ya que no es una investigación, sino algo que ya sabemos, y solamente
buscamos una confirmación. Pero usted quédese y cuídela durante el día
de hoy. Esa es lo mejor y lo más sagrado para todos nosotros. De todos
modos, el monstruo no podrá presentarse hoy. Déjeme ponerlo al corriente
de lo que nosotros cuatro sabemos ya, debido a que se lo he comunicado a
los demás. El monstruo, nuestro enemigo, se ha ido; ha regresado a su
castillo, en Transilvania. Lo sé con tanta seguridad como si una gigantesca
mano de fuego lo hubiera dejado escrito en la pared. En cierto modo, se
había preparado para ello, y su última caja de tierra estaba preparada para
ser embarcada. Por eso tomó el dinero y se apresuró tanto; para evitar que
lo atrapáramos antes de la puesta del sol. Era su única esperanza, a menos
que pudiera esconderse en la tumba de la pobre Lucy, que él pensaba que
era como él y que, por consiguiente, estaba abierta para él. Pero no le
quedaba tiempo. Cuando eso le falló, se dirigió directamente a su último
recurso..., a su última obra terrestre podría decir, si deseara una double
entente. Es inteligente; muy inteligente. Comprendió que había perdido
aquí la partida, y decidió regresar a su hogar. Encontró un barco que se-
guía la ruta que deseaba, y se fue en él. Ahora vamos a tratar de descubrir
cuál era ese barco y, sin perder tiempo, en cuanto lo sepamos, regresare-
mos para comunicárselo a usted. Entonces lo consolaremos y también a la
pobre señora Mina, con nuevas esperanzas. Puesto que es posible conser-
var esperanzas, al pensar que no todo se ha perdido. Esa misma criatura a
la que perseguimos tardó varios cientos de años en llegar a Londres y, sin
embargo, en un solo día, en cuanto tuvimos conocimiento de sus andanzas,
lo hicimos huir de aquí. Tiene limitaciones, puesto que tiene el poder de
hacer mucho daño, aunque no puede soportarlo como nosotros. Pero so-
mos fuertes, cada cual a nuestro modo; y somos todavía mucho más
fuertes, cuando estamos todos reunidos. Anímese usted, querido esposo de
nuestra señora Mina. Esta batalla no ha hecho más que comenzar y, al fi-
nal, venceremos... Estoy tan seguro de ello como de que en las alturas se


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