Drácula


Pero esta vez el sol se había elevado ya y nos encontramos todos en
plena luz del día. El doctor van Helsing colocó sus manos sobre los hom-
bros de Mina, e hizo que su cabeza reposara suavemente en las almohadas.
Ella permaneció durante unos momentos como una niña dormida y, luego,
con un largo suspiro, despertó y se extrañó mucho al vernos a todos reuni-
dos en torno a ella.
-¿He hablado en sueños? -fue todo lo que dijo.
Sin embargo, parecía conocer la situación, sin hablar, puesto que se
sentía ansiosa por saber qué había dicho. El profesor le repitió la conver-
sación, y Mina le dijo:
-Entonces, no hay tiempo que perder. ¡Es posible que no sea to-
davía demasiado tarde!
El señor Morris y lord Godalming se dirigieron hacia la puerta, pero
la voz tranquila del profesor los llamó y los hizo regresar sobre sus pasos:
-Quédense, amigos míos. Ese barco, dondequiera que se encuentre,
estaba levando anclas mientras hablaba la señora. Hay muchos barcos le-
vando anclas en este momento, en su gran puerto de Londres. ¿Cuál de
ellos buscamos? Gracias a Dios que volvemos a tener indicios, aunque no
sepamos adónde nos conducen. Hemos estado en cierto modo ciegos, de
una manera muy humana, ¡puesto que al mirar atrás, vemos lo que hu-
biéramos podido ver al mirar hacia adelante, si hubiéramos sido capaces de
ver lo que era posible ver! ¡Vaya! ¡Esa frase es un rompecabezas!, ¿no es
así? Podemos comprender ahora qué estaba pensando el conde cuando
recogió el dinero, cuando el cuchillo esgrimido con rabia por Jonathan lo
puso en un peligro al que todavía teme. Quería huir. ¡Escúchenme: HUIR!
Comprendió que con una sola caja de tierra a su disposición y un grupo de
hombres persiguiéndolo como los perros a un zorro, Londres no era un
lugar muy saludable para él. ¡Adelante!, como diría nuestro amigo Arthur,
al ponerse su casaca roja para la caza. Nuestro viejo zorro es astuto, muy
astuto, y debemos darle caza con ingenio. Yo también soy astuto y voy a
pensar en él dentro de poco. Mientras tanto, vamos a descansar en paz,
puesto que hay aguas entre nosotros que a él no le agrada cruzar y que no
podría hacerlo aunque quisiera... A menos que el barco atracara y, en ese
caso, solamente podría hacerlo durante la pleamar o la bajamar. Además,
el sol ha salido y todo el día nos pertenece, hasta la puesta del sol. Vamos
a bañarnos y a vestirnos. Luego, nos desayunaremos, ya que a todos nos
hace buena falta. Además, podremos comer con tranquilidad, puesto que el
monstruo no se encuentra en la misma tierra que nosotros.
Mina lo miró suplicantemente, al tiempo que preguntaba:


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