Bram Stoker


rabia infernales, que apareció en el rostro del conde. Su piel cerúlea se hizo
verde amarillenta, por contraste con sus ojos rojos y ardientes, y la roja
cicatriz que tenía en la frente resaltaba fuertemente, como una herida
abierta y palpitante. Un instante después, con un movimiento sinuoso, pasó
bajo el brazo armado de Harker, antes de que pudiera éste descargar su
golpe, recogió un puñado del dinero que estaba en el suelo, atravesó la
habitación y se lanzó contra una de las ventanas. Entre el tintineo de los
cristales rotos, cayó al patio, bajo la ventana. En medio del ruido de los
cristales rotos, alcancé a oír el ruido que hacían varios soberanos al caer al
suelo, sobre el asfalto.
Nos precipitamos hacia la ventana y lo vimos levantarse indemne
del suelo. Ascendió los escalones a toda velocidad, cruzó el patio y abrió la
puerta de las caballerizas. Una vez allí, se volvió y nos habló:
-Creen ustedes poder confundirme... con sus rostros pálidos, como
las ovejas en el matadero. ¡Ahora van a sentirlo, todos ustedes! Creen
haberme dejado sin un lugar en el que poder reposar, pero tengo otros. ¡Mi
venganza va a comenzar ahora! Ando por la tierra desde hace siglos y el
tiempo me favorece. Las mujeres que todos ustedes aman son mías ya, y
por medio de ellas, ustedes y muchos otros me pertenecerán también...
Serán mis criaturas, para hacer lo que yo les ordene y para ser mis chacales
cuando desee alimentarme. ¡Bah!
Con una carcajada llena de desprecio, pasó rápidamente por la pu-
erta y oímos que el oxidado cerrojo era corrido, cuando cerró la puerta
tras él. Una puerta, más allá, se abrió y se cerró nuevamente. El primero de
nosotros que habló fue el profesor, cuando, comprendiendo lo difícil que
sería perseguirlo por las caballerizas, nos dirigimos hacia el vestíbulo.
-Hemos aprendido algo... ¡Mucho! A pesar de sus fanfarronadas,
nos teme; teme al tiempo y teme a las necesidades. De no ser así, ¿por qué
iba a apresurarse tanto? El tono mismo de sus palabras lo traicionó, o mis
oídos me engañaron, ¿Por qué tomó ese dinero? ¡Van a comprenderme
rápidamente! Son ustedes cazadores de una bestia salvaje y lo compren-
den. En mi opinión, tenemos que asegurarnos de que no pueda utilizar aquí
nada, si es que regresa.
Al hablar, se metió en el bolsillo el resto del dinero; tomó los títulos
de propiedad del montoncito en que los había dejado Harker y arrojó todo
el resto a la chimenea, prendiéndole fuego con un fósforo.
Godalming y Morris habían salido al patio y Harker se había
descolgado por la ventana para seguir al conde. Sin embargo, Drácula
había cerrado bien la puerta de las caballerizas, y para cuando pudieron
abrirla, ya no encontraron rastro del vampiro. Van Helsing y yo tratamos

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