Drácula


endo a colocar la tapa en su sitio, comenzó a ponerle otra vez los tornillos.
Nosotros lo ayudamos en su trabajo.
Una después de otra, hicimos lo mismo con todas las grandes cajas
y, en apariencia, las dejamos exactamente igual que como las habíamos
encontrado, pero en el interior de cada una de ellas había un pedazo de
Hostia. Cuando cerramos la puerta a nuestras espaldas, el profesor dijo
solemnemente:
-Este trabajo ha terminado. Es posible que logremos tener el mismo
éxito en los demás lugares, y así, quizá para cuando el sol se ponga hoy, la
frente de la señora Mina esté blanca como el marfil y sin el estigma.
Al pasar sobre el césped, en camino hacia la estación, para tomar el
tren, vimos la fachada del asilo. Miré ansiosamente, y en la ventana de
nuestra habitación vi a Mina. La saludé con la mano y le dirigí un signo de
asentimiento para darle a entender que nuestro trabajo allí había concluido
satisfactoriamente. Ella me hizo una señal en respuesta, para indicarme que
había comprendido. Lo último que vi de ella fue que me saludaba con la
mano. Buscamos la estación con el corazón lleno de tristeza y tomamos el
tren apresuradamente, debido a que para cuando llegamos ya estaba junto
al andén de la estación, disponiéndose a ponerse nuevamente en marcha.
He escrito todo esto en el tren.
Piccadilly, las doce y media en punto. Poco antes de que llegáramos
a Fenchurch Street, lord Godalming me dijo:
Quincey y yo vamos a buscar un cerrajero. Será mejor que no
venga usted con nosotros, por si se presenta alguna dificultad, ya que, en
las circunstancias actuales, no sería demasiado malo para nosotros el ir-
rumpir en una casa desocupada. Pero usted es abogado, y la Incorporated
Law Society puede decirle que debía haber sabido a qué atenerse.
Yo protesté, porque no deseaba dejar de compartir con ellos ningún
peligro, pero él continuó diciendo:
-Además, atraeremos mucho menos la atención si no somos dema-
siados. Mi título me ayudará mucho para contratar al cerrajero y para en-
tendérmelas con cualquier policía que pueda encontrarse en las cercanías.
Será mejor que vaya usted con Jack y el profesor y que se queden en
Green Park, en algún lugar desde el que puedan ver la casa, y cuando vean
que la puerta ha sido abierta y que el cerrajero se ha ido, acudan. Los
estaremos esperando y les abriremos la puerta en cuanto lleguen.
-¡El consejo es bueno! -dijo van Helsing.
Por consiguiente no discutimos más del asunto. Godalming y Mor-
ris se adelantaron en un coche de alquiler y los demás los seguimos en
otro. En la esquina de Arlington Street, nuestro grupo descendió del ve-
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