Bram Stoker


"¡Vaya, vaya!", me dije para mis adentros. "Es la segunda vez que
se detiene repentinamente ante la palabra, ¿qué significa esto?"
Renfield se dio cuenta de que había cometido un error, ya que se
apresuró a continuar, como para distraer mi atención e impedir que me
fijara en ello.
-No tengo ningún interés en absoluto en esos animales. "Ratas, ra-
tones y otros animales semejantes", como dice Shakespeare. Puede decirse
que no tienen importancia. Ya he sobrepasado todas esas tonterías. Sería
lo mismo que le pidiera usted a un hombre que comiera moléculas con
palillos, que el tratar de interesarme en los carnívoros, cuando sé lo que me
espera.
-Ya comprendo -le dije-. Desea usted animales grandes en los que
poder clavar sus dientes, ¿no es así? ¿Qué le parecería un elefante para su
desayuno?
-¡Está usted diciendo tonterías absolutamente ridículas!
Se estaba despertando mucho, de modo que me dispuse a ahondar
un poco más el asunto.
-Me pregunto -le dije, pensativamente- a qué se parece el alma de
un elefante.
Obtuve el efecto que deseaba, ya que volvió a bajar de las alturas y
a convertirse en un niño.
-¡No quiero el alma de un elefante, ni ningún alma en absoluto! -
dijo.
Durante unos momentos, permaneció sentado, como abatido. Re-
pentinamente se puso en pie, con los ojos brillantes y todos los signos de
una gran excitación cerebral.
-¡Váyase al infierno con sus almas! -gritó-. ¿Por qué me molesta
con sus almas? ¿Cree que no tengo ya bastante con qué preocuparme, su-
frir y distraerme, sin pensar en las almas?
Tenía un aspecto tan hostil que pensé que se disponía a llevar a
cabo otro ataque homicida, de modo que hice sonar mi silbato. Sin em-
bargo, en el momento en que lo hice se calmó y dijo, en tono de excusa:
-Perdóneme, doctor; perdí el control. No necesita usted ayuda de
ninguna especie. Estoy tan preocupado que me irrito con facilidad. Si
conociera usted el problema al que tengo que enfrentarme y al que tengo
que buscar una solución, me tendría lástima, me toleraría y me excusaría.
Le ruego que no me metan en una camisa de fuerza. Deseo reflexionar y
no puedo hacerlo cuando tengo el cuerpo atado. ¡Estoy seguro de que
usted lo comprenderá!



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