Bram Stoker


en el anuncio para todos los informes. No deseaba parecerle demasiado
ansioso a mi informador, ni dejar que adivinara demasiado, por lo cual,
luego de darle las más cumplidas gracias, me alejé. Estaba oscureciendo y
la noche otoñal estaba cerrándose, de modo que no quise perder el tiempo.
Después de buscar la dirección de Mitchell, Sons & Candy en un directo-
rio telefónico de Berkeley, me dirigí inmediatamente a sus oficinas, que se
encontraban en Sackville Street.
El caballero que me recibió tenía unos modales particularmente
suaves, pero no era muy comunicativo. Después de decirme que la casa de
Piccadilly, que en nuestra conversación llamó "mansión", había sido ven-
dida, consideró que mi interés debía concluir allí. Cuando le pregunté quién
la había comprado, abrió los ojos demasiado y guardó silencio un mo-
mento antes de responder:
-Está vendida, señor.
-Excúseme -dije, con la misma cortesía-, pero tengo razones espe-
ciales para desear saber quién adquirió ese edificio.
Volvió a hacer una pausa bastante prolongada y alzó las cejas to-
davía más.
-Está vendida, señor -volvió a decir, lacónicamente.
-Supongo que no le importará darme esa información -insistí.
-Pero, ¡por supuesto que me importa! -respondió-. Los asuntos de
nuestros clientes son absolutamente confidenciales en manos de Mitchell,
Sons & Candy.
Estaba claro que se trataba de un pedante de la peor especie y que
no merecía la pena discutir con él. Pensé que sería mejor enfrentarme a él
en su propio terreno y le dije:
-Sus clientes, señor, tienen suerte de tener un guardián tan resuelto
de sus confidencias. Yo mismo soy un profesional -al decir esto le tendí mi
tarjeta-. En este caso, no estoy interesado en este asunto por curiosidad:
actúo por parte de lord Godalming, que desea saber algo sobre la
propiedad que creía que, hasta últimas fechas, se encontraba en venta.
Esas palabras hicieron que las cosas tomaran otro cariz.
-Me gustaría darle a usted esos informes si los tuviera, señor
Harker, y especialmente me gustaría servir a su cliente. En cierta ocasión
llevamos a cabo unas transacciones para él sobre el alquiler de unas habi-
taciones cuando era el Honorable Arthur Holmwood. Si puede usted
darme la dirección de su señoría, tendré mucho gusto en consultar a la casa
sobre el sujeto y, en todo caso, me comunicaría con su señoría por medio
del correo de esta misma noche. Será un placer el facilitarle esos informes



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