Drácula


caleras debido a que tuve que subir por ellas con las cajas, junto con tres
muchachos que se acercaron para ganarse unos peniques. El viejo les dio
chelines y, como vieron que les había dado mucho, quisieron más todavía,
pero el anciano agarró a uno de ellos por el hombro y poco faltó para que
lo echara por las escaleras; entonces, todos ellos se fueron, insultándolo.
Pensaba que con esos informes no tendría dificultades en encontrar
la casa, de modo que después de pagarle a mi informante, me dirigí hacia
Piccadilly. Había adquirido una nueva y dolorosa experiencia. El conde
podía por lo visto manejar las cajas solo. De ser así, el tiempo resultaba
precioso, puesto que ya que había llevado a cabo ciertas distribuciones,
podría llevar a cabo el resto de su trabajo, escogiendo el tiempo oportuno
para ello, pasando completamente inadvertido. En Piccadilly Circus me
apeé y me dirigí caminando hacia el oeste; después de pasar el junior Con-
stitutional, llegué ante la casa que me había sido descrita y me satisfizo la
idea de que se trataba del siguiente refugio que había escogido Drácula. La
casa parecía haber estado desocupada durante mucho tiempo. Las ven-
tanas estaban llenas de polvo y las persianas estaban levantadas. Toda la
estructura estaba ennegrecida por el tiempo, y de las partes metálicas la
pintura había desaparecido. Era evidente que en el balcón superior había
habido un anuncio durante cierto tiempo, que había sido retirado brusca-
mente, de tal modo que todavía quedaban los soportes verticales. Detrás
de la barandilla del balcón vi que sobresalían varias tablas sueltas, cuyos
bordes parecían blancos. Hubiera dado mucho por poder ver intacto el
anuncio, puesto que quizá me hubiera dado alguna indicación en cuanto a
la identidad de su propietario. Recordaba mi experiencia sobre la investiga-
ción y la compra de la casa de Carfax y no podía dejar de pensar que si
podía encontrar al antiguo propietario era posible que descubriera algún
medio para entrar en la casa.
Por el momento, no había nada que pudiera descubrir del lado de
Piccadilly y tampoco podía hacerse nada, de modo que me dirigí hacia la
parte posterior para ver si podía verse algo de ese lado. Las caballerizas
estaban llenas de actividad, debido a que la mayoría de las casas estaban
ocupadas. Les pregunté a un par de criados y de encargados de las
cuadras, que pude encontrar, si podían decirme algo sobre la casa desocu-
pada. Uno de ellos me dijo que había oído decir que alguien la había com-
prado en los últimos tiempos, pero no sabía quién era el nuevo propietario.
Uno de ellos, sin embargo, me dijo que hasta hacía muy poco tiempo había
habido un anuncio que decía "se vende" y que era posible que podrían fa-
cilitarme más detalles Mitchell, Sons & Candy, los agentes de mudanzas,
puesto que me dijo que creía recordar que ese era el nombre que figuraba
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