Drácula


XX
DEL DIARIO DE JONATHAN HARKER


1 de octubre, por la noche. Encontré a Thomas Snelling en su casa,
en Bethnal Green; pero, desafortunadamente, no estaba en condiciones de
recordar nada. El aliciente mismo de la cerveza que mi esperada visita
había abierto ante él, resultó demasiado fuerte, y comenzó a beber dema-
siado pronto, antes de mi llegada. Sin embargo, supe, gracias a su esposa,
una persona decente y tímida, que era solamente el asistente de Smollet,
que de los dos era el responsable. De modo que me dirigí hacia Walworth
y encontré al señor Joseph Smollet en su casa, en mangas de camisa, to-
mando una taza de té tardía, que levantaba de un platillo. Es un tipo hon-
rado e inteligente, un trabajador de confianza y con una inteligencia y una
personalidad que le son propias. Recordaba todo respecto al incidente de
las cajas, y, sacando de un lugar misterioso de la parte posterior de su
pantalón una libreta con las puntas de las hojas dobladas y las páginas cu-
biertas de jeroglíficos trazados con un lápiz de punta gruesa y con una es-
critura muy apoyada, me comunicó el punto de destino de las cajas. Había
seis que había tomado en Carfax y las había depositado en el número
ciento noventa y siete de Chicksand Street, en Mile End New Town, y
otras seis que había depositado en Jamaica Lane, Bermondsey. En el caso
de que el conde deseara distribuir sus fantasmales refugios por todo Lon-
dres, esos lugares habrían sido escogidos como punto de partida, de tal
modo que a continuación pudiera distribuir completamente las cajas. El
modo sistemático en que todo aquello estaba siendo llevado a cabo me
hizo pensar que eso no podría significar que el monstruo deseaba confi-
narse en dos lugares de Londres. Estaba situado ya en la parte este de la
ribera norte, al este de la costa sur y al sur de la ciudad. Era seguro que no
pensaba dejar fuera de sus planes diabólicos el norte y el oeste..., por no
hablar de la City misma, y el corazón mismo del Londres elegante, al su-
doeste y al oeste. Volví a ver a Smollet y le pregunté si podría decirnos si
había sido sacada alguna otra caja de Carfax.
Entonces respondió:
-Bueno, señor, se ha portado usted muy bien conmigo -le había
dado medio soberano- y voy a decirle todo lo que sé. Oí a un hombre
llamado Bloxam que decía hace cuatro noches en el "Are and Ounds" de
Pincer's Alley, que él y su compañero habían tenido un trabajo sucio y raro
en una vieja casa de Purfleet. No son frecuentes aquí los trabajos de esa
índole, y creo que Sam Bloxam podrá decirle algo más al respecto.
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