Bram Stoker


Harker está mejor permaneciendo fuera de todo esto. La situación está ya
bastante mala para nosotros, los hombres, que nos hemos visto a veces en
lugares poco agradables, pero no es un lugar apropiado para una mujer y,
si hubiera continuado con este asunto, es muy posible que hubiera termi-
nado siendo destrozada.
Así, van Helsing fue a conversar con el señor y la señora Harker.
Quincey y Art han salido para descubrir todo lo posible con respecto a la
desaparición de las cajas. Yo tengo que concluir mi ronda de trabajo, y nos
reuniremos esta noche.

Del diario de Mina Harker
1 de octubre. Me resulta extraño permanecer en la oscuridad,
como hoy; después de la confianza total de Jonathan durante tantos años,
me resulta desagradable verlo evitar ciertos temas de conversación de
manera manifiesta: los temas más vitales de todos. Esta mañana dormí
hasta una hora avanzada, a causa de las fatigas de ayer, y aunque Jonathan
durmió hasta tarde también, despertó antes que yo. Habló conmigo antes
de salir, y nunca antes lo había hecho con mayor dulzura o ternura, pero no
mencionó ni una sola palabra sobre lo que había sucedido en su visita a la
casa del conde. Sin embargo, debe saber la terrible ansiedad que sentía yo.
¡Pobre Jonathan! Supongo que eso debe haberlo afligido todavía más que
a mí. Todos estuvieron de acuerdo en que no siguiera yo adelante en ese
horrible asunto, y estuve de acuerdo. Pero, ¡me resulta muy desagradable
pensar que me oculta algo! Y ahora estoy llorando como una idiota, cu-
ando, en realidad, sé que todo esto es producto del gran amor de mi
esposo y de la buena voluntad de todos esos hombres fuertes.
Eso me ha sentado bien. Bueno, algún día me lo contará todo
Jonathan, y para evitar que pueda llegar a pensar que le oculto yo también
algo, continúo escribiendo mi diario, como de costumbre. Así, si ha temido
por mi confianza, debo mostrárselo, incluyendo todos los pensamientos y
los sentimientos de mi corazón, para que pueda leerlos claramente. Me
siento hoy extrañamente triste y malhumorada. Supongo que es la reacción
a causa de la tremenda emoción.
Anoche me acosté cuando se fueron los hombres, sencillamente
porque me dijeron que me acostara. No tenía sueño, y sentía una ansiedad
enorme. Estuve pensando en todo lo sucedido desde que Jonathan fue a
verme a Londres y todo ello parecía una horrible tragedia, como si el des-
tino impulsara todo hacia un fin siniestro. Todo lo que hacemos, por muy
buenas intenciones que tengamos, parece conducir a algo que debe de-
plorarse profundamente. Si no hubiera ido a Whitby es posible que la po-

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